Sé que nos encontramos a plena
luz de la lluvia, amarrándonos al sereno frío de la noche, sé que estamos
estimados por la seducción de nuestros actos, sé que estamos ahí viéndonos como
lo mejor de cada uno, deslumbrando las mejores galas de nuestra alma.
Pero te confianzo, si deseas
amarme, hazlo pero con la plenitud de una amargura agonizante, con el deseo y
la duda, con el placer y el dolor.
Estoy ahí para ti hasta que me dé
temor, hasta que me de miedo, hasta que mi corazón se rompa por cuenta propia,
solo, entonces ámame más, y yo seguiré dudando, pero seguiré creyendo, hasta
que lo nuestro se convierta en un tónico tóxico que se pone durante las mañanas
justo después de levantarse.
Piensa que me complacerás,
piensa que estás haciendo las cosas bien, y sigue amándome, sigue pensándome,
sigue acabándote, sigue destruyéndote.
Esa es mi maldición, ese es mi
mayor problema, creo en creer que tengo razón, brindando el nirvana de
emociones fuerte, intensas y duraderas, ahí estaré, hasta que mi demonio lo
quiera, hasta que llegue la hora de quitarme la máscara, hasta que llegues tú,
hasta que aprenda yo.
Ámame sin fronteras nunca
desistas, pues soy todo lo que la gente no debe hacer, siempre te trataré bien,
como una dama, una princesa, una musa.
Tu sabes la condición, te pongo
el contrato, de que luego me observes con odio y rencor, y volver a escuchar
esa frase detonadora,…”contigo lo he
pagado todo”… ámame así, ámame a ese punto, que yo también lo haré, pero
siempre, bajo tu riesgo.
-
Luis,
29 de enero de 2019

Comentarios
Publicar un comentario